A la gente no hay que decirle lo que hace bien que luego se lo cree”

Si, esta frase no es del siglo pasado. Es del mes pasado y salió de las entrañas de una persona que dirige una gran empresa (“gran”, por grande, más de 100 personas).

Yo también creía que este pensamiento había casi desaparecido ya que lo escuche en mi propia piel en mi primera experiencia laboral con 23 años.

Cuando entablé diálogo con esta persona pude escuchar argumentos como: “¿para qué decir lo que las personas hacen bien si eso no es un problema?”; “¿qué beneficio voy a tener si se lo digo, para qué decir eso cuando ya le doy las gracias cuando me entrega un trabajo?”; “con el poco tiempo que tengo, como para estar “todo el tiempo” diciendo lo que hacen bien ….”

Expliqué y comparto el efecto psicológico que tiene hablar de lo que va bien. Porque de lo que va mal vamos a hablar seguro ¿no? Estamos de acuerdo en que necesitamos aclarar qué pasó, por qué y cómo hacerlo diferente. ¿Y entonces para qué hablar de lo que va bien?

Si me sigues, habrás leído que las personas necesitamos sentirnos valiosas y seguras allá donde estamos. La responsabilidad emocional consiste en ser yo quien gestiona mis emociones porque se que son mías, “yo” las genero… y menos mal porque si yo no las generase, tendría pocas opciones de gestionarlas ¿verdad?

Lo que ocurre es que trabajar en un entorno en que sólo se señalan los errores… no hay cuerpo que lo resista. ¿Por qué? Porque somos seres humanos y esto significa que sentimos.

No sentir no es posible. Siempre hay una emoción. Y no sentir orgullo en el trabajo es el camino hacia la desmotivación.

¿Quieres decir Nuria que necesito que me reconozcan para motivarme? No, no quiero decir eso. Cada persona somos dueñas de nuestra motivación y proceso de gestión de la frustración. También, porque somos seres humanos, debemos tener en cuenta que si no tenemos señales externas de que “la cosa va bien”, vamos a necesitar más trabajo en gestión emocional, más autogestión de la confianza y más esfuerzo en mantenernos con alta energía.

Como en la vida nos pasan muchas cosas… lo que digo es que esta capacidad de mantenernos seguras de forma autónoma puede reforzarse desde el exterior sin que se reduzca la autocrítica en el momento de cometer errores.

Y algo más: como todo es entrenamiento, ver lo malo entrena la mirada a ver más malo, a sólo ver lo malo…

“Nunca hace daño ver lo bueno de alguien”, frase atribuida a Martin Luther Kings.

Si quieres saber más sobre cómo ayudar a tu equipo con estás y otras cuestiones laborales para que llegue a ser un equipo cohesionado, motivado a aportar valor y estar comprometidos con los valores y objetivos de la empresa, contacta conmigo, te escucho.

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