El Comité de empresa asiste a una formación organizada por la Dirección General. Imaginad la desconfianza que podía tocarse en la primera sesión. ¿La empresa quiere “algo bueno” para nosotros/as? Y tiene mucho sentido que aparezca este pensamiento cuando tenemos un histórico de luchas, tensiones, conflictos…

Formarse, además de tener impacto en el saber hacer y reducción de errores, beneficia a las relaciones (aumenta la empatía, las personas se conocen más y se relacionan desde la igualdad del no saber) y al concepto que podemos tener de “cómo le importamos a la empresa”.

Así ocurrió en el caso del que os hablo, que supuso un cambio en las interacciones de las reuniones de negociación.

Peero… imagina que acudes al médico y te recomienda que cambies algunas cosas en tu vida. Lo haces y notas mejoras en tu salud y bienestar. Como cuesta cambiar esos hábitos, lo dejas… ¿qué ocurre?

Lo mismo pasa con la formación: necesitamos entrenar de una forma sostenida en el tiempo para incorporar completamente lo nuevo. Y esto necesita de un cambio de actitud en la persona aprendiz: tener la capacidad de levantarse y seguir practicando cuando te des cuenta de que has vuelto al hábito anterior y, sobre todo, desarrollar la capacidad de comprender a la otra persona cuando se equivoque y haga aquello que sabes que no es lo recomendable. Sólo así puedes motivarte para seguir aprendiendo: comprender y entrenar.

Si quieres saber más sobre cómo ayudar a tu equipo con la formación para que llegue a ser un equipo cohesionado y con personas motivadas que quieran aportar valor y estar comprometidos con los valores y objetivos de la empresa, contacta conmigo, te escucho.

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